Simulando la realidad para tomar mejores decisiones.
Desde que se dispusieron computadoras capaces de procesar muy rápidamente
y almacenar grandes cantidades de datos los científicos e ingenieros
comenzaron a utilizar en forma intensiva técnicas de “simulación”.
Construir un modelo lógico – matemático de un fenómeno
o sistema cuyo comportamiento se quiere conocer y luego calcular los valores
de algunas variables del estado del mismo en el tiempo si se alteran los valores
de de los datos de entrada, las relaciones entre ellos o. las reglas de decisión
que el modelo aplica de acuerdo a los valores en un momento dado de las variables.
La simulación es la herramienta ideal para estudiar como se propaga
una epidemia. Nuevos modelos “basados en agentes” posibles con
las modernas computadoras super potentes, parten de registros muy detallados
tomados de la realidad de personas típicas y sus comportamientos en
ciudades o zonas geográficas homogéneas.
Por ejemplo pueden “simular” que pasa cuando Juan Pérez
vuelve de un viaje de negocios de un país lejano contagiado con un
virus altamente letal y transmisible a partir del décimo día
de la infección.
Ese día en el que Juan comienza a ser “contagioso” el modelo
comienza a seguirlo mientras desarrolla las actividades de su “prototipo”:
se levanta, desayuna con sus hijos, los lleva al colegio, luego va a la oficina
donde está con seis compañeros, va a almorzar a un restaurante
cercano y así siguiendo. Cada una de las personas con las que tuvo
contacto tiene una determinada probabilidad de contagiarse, que depende del
tipo y duración del contacto. La computadora calculará si fue
o no contagiada y si lo fue la agregará a lista de contagiados a los
que comenzará a “seguir” cuando se conviertan en contagiosos,
haciendo para ellos lo mismo que hizo para Juan.
Para un conjunto de datos iniciales referentes a la enfermedad: cuán
contagiosa es, a partir del momento del contagio cuanto en tarda en ser transmisible
y cuanto en ser sintomática, se construyen “escenarios”
considerando diversas variables: cuánto tarda el médico que
atendió a Juan en diagnosticar la enfermedad como altamente contagiosa
y peligrosa, si lo pone en cuarentena y avisa las autoridades de salud a la
primera sospecha o espera a tener más certezas, que hacen las autoridades
cuando empiezan a recibir informaciones con evidencias de que pasa algo anormal,
de cuantas dosis de vacunas se dispone y como se asignan los mismas.
En el modelo el tiempo avanza en intervalos prefijados, cuanto más
pequeños mejor y periódicamente calcula cuántos enfermos
hay, cuántos requieren algún tipo de cuidado especial, como
respiración asistida, cuántos murieron. Cada “corrida”
como se denomina en la jerga de computación al procesamiento de un
escenario puede costar cientos de miles de dólares y de horas –
hombre calificadas, por lo que epidemiólogos y sanitaristas deben limitarse
a estudiar solo los que consideran más probables y que incluyan decisiones
cuyos efectos se presumen importantes. Las conclusiones y recomendaciones
que se pueden obtener de los modelos son de gran valor para quienes deben
fijar políticas